Los Quinientos, Jaén
Lo que de verdad
se hereda
Antes de seguir leyendo, puedes conocernos un poco mejor con este reportaje: así hablamos, así trabajamos, así reímos casi siempre.
Reportaje — Canal Sur
Nuestra familia lleva toda la vida buscando lo mismo: ser libres sobre su propia tierra. Empezamos trabajando la de otros. Hoy trabajamos la nuestra. Y todavía se nos nota: ese brillo en los ojos cuando hablamos de nuestros olivos.
Andrés y Paqui
Nuestro abuelo paterno, Andrés, nació en guerra, en una casita de olivar en la Yedra, Baeza, que seguimos cuidando como el primer día. Es hortelano de corazón: gracias a él sabemos qué sabor tiene de verdad un tomate, una berenjena, unas habas. Con 89 años sigue paseando entre sus olivos con la misma alegría de siempre, y cada paseo se nos hace un regalo. Esa ha sido siempre su libertad: no necesitar mucho más que su tierra para ser feliz.
Nuestra abuela Paqui vivía igual, a su manera: entre gallinas, entre risas, con un temperamento que llenaba la casa entera. Juntos nos enseñaron que la felicidad, aquí, siempre ha cabido en un plato de verdad.
Juan Manuel y Julia
Nuestro abuelo materno, Juan Manuel, tenía el aceite en la sangre antes que nosotros: trabajaba en la orujera catando y refinando aceites, y al terminar su jornada, subía a su propio olivar. No lo hacía por ambición. Lo hacía porque no sabía vivir de otra manera. Cuando supo que su nieta Cristina quería dedicarse a catar aceite, sintió que esa pasión suya seguiría viva. No se equivocaba: hoy, cada cata de Cristina es también un poco suya.
A su lado, nuestra abuela Julia era pura dulzura y pura fuerza: el pilar sin el que nada de esto se entiende. No sabemos explicar al uno sin la otra.
Juan e Isabel, la raiz
En el año 2000, nuestros padres, Juan e Isabel, hicieron algo que daba más miedo que ilusión: apostarlo todo por una tierra, la que hoy le da nombre a nuestro aceite, Los Quinientos. Hubo noches en las que no supieron si habían hecho lo correcto. No lo hicieron para hacerse ricos. Lo hicieron porque preferían vivir con incertidumbre, pero libres, antes que vivir seguros y sin ser dueños de su tiempo.
De ellos aprendimos que la honestidad no es una estrategia, es una manera de mirar a los ojos. Y que a veces, arriesgarlo todo es la forma más sencilla de ser feliz.
Andrés y Cristina, el salto
A nosotros, Andrés y Cristina, nos tocaba decidir qué hacer con todo esto. Podíamos guardarlo para nosotros, como se había hecho siempre. O compartirlo. En 2017 elegimos compartirlo: sacar a la calle el aceite que llevábamos toda la vida tomando en casa, tal cual es, sin maquillarlo.
Hoy Andrés y Juan siguen subiendo al olivar, ellos solos, cada cosecha. Cristina cata cada muestra hasta encontrar la que de verdad nos representa. E Isabel sigue siendo, como siempre, quien sostiene todo esto en pie. Cada botella que sale de aquí lleva, sin que se vea, todo lo anterior.
Cuatro generaciones lo saben: la felicidad no se hereda. Se cultiva, cada cosecha, con las manos.
La historia de la finca Los Quinientos
Antes de ser un olivar, esta tierra fue una de las minas de plomo más profundas de Europa. Toca cada parada para conocer su historia.
Íberos y romanos
El paraje que hoy ocupa la finca de Los Quinientos guarda una riqueza metalúrgica que se explota desde hace 4.000 años. Por su cercanía a la antigua ciudad de Cástulo, el filón de plomo y plata de la zona ya se perforaba mediante galerías superficiales en la antigüedad, y fue motor comercial para cartagineses y romanos.
La fiebre minera y el Pozo San Juan
Tras el Decreto de Libre Explotación de Minas de 1825, Linares se convirtió en un imán internacional. La explotación del filón de Los Quinientos se consolidó en la Mesa de los Pinos, sobre la concesión "Antonia 1ª y 2ª", donde se perforó el Pozo San Juan. En sus primeras décadas pasó por manos de concesionarios locales, con métodos tradicionales y cabrias de madera.
El Pozo Taylor y la revolución del vapor
Compañías británicas compraron las concesiones locales: la mina pasó a manos de The Linares Lead Mining Company, ligada a los ingenieros Taylor and Sons, que rebautizaron el Pozo San Juan como Pozo Taylor.
- Introdujeron máquinas de vapor y grandes instalaciones de desagüe.
- La explotación alcanzó una profundidad de 550 metros, una de las mayores de toda la cuenca.
Transición y declive
El coste de extraer a tanta profundidad y la caída del precio del plomo llevaron a The Linares Lead a abandonar la mina. Las concesiones pasaron después a una sociedad liderada por el capataz Alejandro Doña, y más tarde a la Compañía La Cruz, que mantuvo el pozo activo de forma intermitente hasta su cierre definitivo en 1966.
De la mina al olivar
Tras el cierre de la mina, la tierra volvió a su vocación agrícola. La finca se transformó en la explotación olivarera que hoy produce nuestro aceite de oliva virgen extra. El entorno forma parte del Paisaje Minero de Cástulo-Linares, Bien de Interés Cultural, y todavía pueden verse los restos del castillete, la casa de máquinas y la boca sellada del Pozo San Juan.
El olivar, hoy
En nuestro olivar, en un entorno único, con un clima excepcional y tierra rica en minerales, conviven olivos centenarios y jóvenes, todos de la variedad Picual. Esa diversidad nos da frutos con matices únicos, los aromas que distinguen nuestro Aceite de Autor.
Cuidamos el campo de manera minuciosa y personal, apostando por la excelencia y una trazabilidad total: así puedes conocer, en todo momento, el camino que recorre nuestro aceite desde el olivar hasta tu casa.
Abre la botella. Cierra los ojos. Huele. Ese olor a tomate no lo vas a encontrar en un lineal de supermercado, ni en una marca que embotella millones de litros al año. Lo vas a encontrar en lo que sale, una vez al año, de una sola finca, recogido a mano por dos personas que llevan nuestro apellido.
Así que si algo de esta historia te ha tocado, no la dejes aquí. Tráetela a tu mesa.
No solo somos aceite. Somos Los Quinientos. Libre de serie. Huele a casa.